A mí nunca me fue mal.
Junto con mis socios abrimos nuestro primer restaurante en Monterrey, y en poco tiempo ya teníamos tres.
Facturábamos bien, teníamos clientela fiel, y todo parecía ir “normal”.
Pero llegó un punto en que simplemente nos estancamos.
Las ventas no crecían.
Los fines de semana estaban bien, pero entre semana el restaurante parecía otro.
Las promociones que hacíamos ya no funcionaban igual.
Y, en medio de todo eso… me estaba divorciando.
Fue una de las etapas más duras de mi vida.
Tenía que llegar con la mejor cara al restaurante, ser la socia, la líder, y la empresaria… mientras por dentro me sentía completamente rota.
Fue entonces cuando descubrimos la Cámara de Empresarios.
Fue en 2021 que entramos, casi por recomendación de otro colega.
Y no solo encontramos asesoría para mejorar las estrategias de venta…
Encontramos una comunidad que no juzga, que escucha y que empuja a crecer.
Yo no sabía cuánto necesitaba eso, hasta que lo viví.
Nos ayudaron a identificar qué no estábamos viendo:
✅ Nuevas oportunidades de promociones entre semana
✅ Cómo elevar el ticket promedio sin bajar calidad
✅ Cómo motivar al equipo interno y volver a contagiar entusiasmo
En poco tiempo, volvimos a crecer.
Y yo, personalmente, empecé a sanar.
Porque cada semana en las reuniones virtuales de la Cámara, no solo aprendía como empresaria, también me sentía acompañada como persona.
Si estás bien, pero sentís que ya no avanzás… no te conformes.
Y si además estás pasando por momentos personales difíciles, entendeme: crecer no tiene por qué doler tanto si tenés una red que te impulse.
Gracias a la Cámara de Empresarios hoy tengo mis tres restaurantes estables, equipos más comprometidos y, sobre todo, una comunidad que me inspira cada semana a seguir soñando más grande.
— Andrea
Empresaria restaurantera en Monterrey, México | Miembro desde 2021